LA VILLA UN EMPORIO DE LA MODA MASCULINA...YA NADIE BUSCA A SER SASTRE
Diego Rattia de la Sastrería "La Criollita"
Por Oscar
Carrasquel
De todas los pueblos de Aragua, en el área de corte y confección de ropa masculina, la comunidad que más se desarrolló es el pueblo de Villa de Cura. En la década de 1950 se podían ver decenas de sastrerías en la Villa en completa actividad, y el interior de estos establecimientos llenos de compradores.
Con frecuencia veíamos salir a la calle a cualquier señor (sin ser rico), luciendo su elegancia y personalidad vestido a la usanza caraqueña, es decir, metido en un flux de casimir, corbata larga o de lacito; sombrero y leontina de oro cruzada en la solapa.
El primer sastre que tenemos conocimiento fue don Placido García, frente a la Gruta de Lourdes en la calle Comercio. Don Plácido era el encargado del Registro Público y ejercía el oficio en el mismo Despacho. con un estilo sofisticado fue llamado “El papá de los slacks”. Llevó la moda a Caracas, realizaba envíos a la capital..
Uno de los talleres de sastrería de la época en Villa de Cura fue conocido con el nombre de Sastrería “La Palma”, propiedad de don Pedro Palma, situada en la calle Bolívar frente al bar Savery. Diariamente tenía en exhibición trajes y otra ropa por encargo. También existencia de toda marca de perfumes londinenses.
En los primeros años de la década de 1950 llegó a Villa de Cura Giovanni Donnarumma, un joven de nacionalidad italiana, experto en confección de trajes a la medida. Aquí creó la prestigiosa sastrería “El Deseo”, podías conseguir entre una gama de modelos, llegó a ser nombrado “El Maestro del liquiliqui”.
El sastre Natalio Di¨Simone, también proveniente de Italia se residenció en Villa de Cura en la década de los años cincuenta, fundó la sastrería “Miranda”, frente a la Plaza Miranda, tuvo tanta popularidad que posteriormente creó la tienda para ropas “Confecciones Natalio”.
En la calle Blanca (calle Miranda) instaló su taller de sastrería el señor Manuel Núñez Santos, natural de Barbacoas, municipio Urdaneta, estado Aragua, conocida como “Sastrería Núñez”, fabricaba pantalones, trajes completos, chaquetas, uniformes y también exhibía liquiliqui en un maniquí con la fotografía de Rafael Caldera y Carlos Andrés, a la puerta de su negocio.
De aquella época fue José Villasana, diseñador, artista del trazado y la costura. Cuando uno se tropezaba con él en la calle o llegaba a su taller, Villasana utilizaba para saludar esta expresión: ¡Caraaaamba!... Usualmente andaba por la calle pedaleando una bicicleta, visitando costureras, como también recolectando cuota a sus clientes.
Edgar Macero, un hombre de agradable conversación, antes de ser camionero se hizo maestro del corte y costura para caballeros, aprendió trabajando en el taller con don Plácido García.
Augusto Gonzàlez, fue un viejo sastre llegado de Caracas el año 1952, montó una sastrería en un salón de la calle Miranda, entre calles Urdaneta y doctor Morales. Aquel ambiente, especialmente los fines de semana, parecía una peña musical. Mientras don Augusto cortaba empinado sobre un largo mesón, un grupo bohemio celebraba con poesía, guitarras y canciones. En estas reuniones conocí yo al guitarrista, compositor y poeta Luís Fragachan, que también era sastre, amigo y huésped de don Augusto.
Jesús Revilla fue un sastre que no era nacido en La Villa, se dedicaba al ramo de la sastrería, hechura de pantalones, batas escolares, zurcía y arreglaba tallas, y era músico a la vez, nativo de Churuguara, estado Falcón. Paralelamente fue un artista destacado tocando la guitarra española. En los últimos tiempos se desempeñó como Luthier, fabricaba y reparaba instrumentos musicales de cuerdas.
Mi amigo Juan Terán, mejor conocido como “Juancito Terán”, por su estatura pequeña y contextura delgada. Fue discípulo de su padre, del mismo nombre; un sastre de la Caracas vieja. De su progenitor tomó la herencia vocacional. Tuvo una gran pasión por su arte hasta que le llegó la parca de manera repentina.
Hablando de sastrería por cota, es bueno recordar al sastre don Víctor Montenegro, cerca del colegio Laureano Vallenilla Lanz. También recuerdo a un señor de apellido TORO, cortaba y cosía pantalones, flux y camisa en la calle Páez, diagonal con la ferretería de don Julio Perdomo.
Un símbolo femenino de la sastrería de la época fue la señora Petra Fernández, fue la que lo desarrolló personalizado hasta los años 70, ella trajo el oficio de Altagracia de Orituco, estado Guárico, donde nació comenzando el siglo xx.. Vivía y trabajaba en una casa por los lados de La Alameda. Fue conocida por todo el mundo como “Petra La Sastra”.
Otra mujer que desarrolló el arte fue doña Josefa Peña de Martínez. Me contestó en una nota el profesor O. Botello, lo siguiente: “Josefa Peña de Martínez era la que cosía los liquiliques, blusas y calzoncillos rodilleros a los llaneros que venían a traer el ganado de Guárico y Apure, era vecina de La Alameda, vivía en la casa donde después vivió Juan Aguilar, murió en 1960 a los 92 años. Era la abuela de mi mamá y madre de la mamá de Cira y José Esáa”.
Diego Rattia, de amplia experiencia, fundó la sastrería “La Criollita”, diariamente se le veía cortando y trazando telas alrededor de un mesón, con un metro de cinta colgado en el hombro y unos lentes claros que usaba siempre sobre la frente. En ese oficio pasó toda la vida. Su taller de sastrería lo fundó en la calle Comercio.
Andrés Delgado ,un sastre refinado, para sus amigos "el gallo Andrés", siempre sonriente al frente de su maquina de coser. en Sastrería "La Fortuna" de Vinicio Jaén Landa, Vinicio tenía una amplia clientela en Barbacoas y El Sombrero.
Juan Parra, un hombre obeso, patilludo, le decían “el gordo Parra” desempeñó el arte del corte y la costura en un rudimentario local por la calle el Comercio.. Confecciona pantalones y todo tipo de traje para caballero. Pasado el tiempo se mudó a la ciudad de Maracay. Allí en la capital de Aragua siguió amansando el amor por su profesión.
En la calle Comercio trabajó la sastrería en un amplio local, en una casa de la calle Comercio, el maestro Héctor Acosta, de una ejemplar vida, profundo conocedor del arte de confección de ropa masculina..
En una pieza alquilada en la calle Comercio trabajaba el sastre don Carlos Freites. Tenía una cantidad de clientes que venían de los estados llaneros. A Freites no lo volvimos a ver, me informaron que se fue a vivir y trabajar en Maracay, como modista y maestro del contingente de la antigua FAV.
En la calle Bolívar y Villegas, por un costado del viejo hospital “Doctor. José Rangel” vivía con su familia el conocido maestro Isidro Díaz. Dedicado toda su vida a trabajar la sastrería. Se pasaba todo el día, cortando y dándole pedal a una máquina de coser, con un mesón lleno de cortes de casimir inglés.
Quizá el último que desempeñó la sastrería en Villa de Cura, fue un viejo operario que diseñaba, cortaba y cosía en una máquina “Triumph”, de origen colombiano, su nombre Ramón Arturo Muñoz. La sastrería fue su pasión y su modo de vida, vivía y trabajaba en una pieza alquilada al lado del bar El Samán.
En los nuevos tiempos desaparecieran los talleres de sastrería en Villa de Cura, cerraron sus puertas. La gran mayoría de nuestros sastres se marcharon a la eternidad , después de vivir y guerrear muchos años. La verdad es que ahora ya nadie quiere ser sastre.
. Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis, Tricentenaria

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